Microhistorias de
la diáspora.
Experiencias encarnadas
de la dispersión femenina.
2018 . 2019


EXPERIENCIAS DEL CUERPO COMO TERRENO FÉRTIL PARA LA REFLEXIÓN



"Me estoy refiriendo a toda una manera de mirar la vida, de adentrarme en ella, de usarla, de relacionarme conmigo misma y con mi experiencia."



Audre Lorde articuló su comprensión de lo que significaba para ella ser "diferente" y marginada, incluso en el seno de diversos grupos minoritarios. Exploró para ello las maneras en que las personas que encarnan diferencias de raza, sexualidad, edad, sexo y clase social intentan sobrevivir a pesar de la hostilidad explícita hacia esta diferencias. Y lo hacía siempre partiendo de su propia experiencia encarnada. Sus creaciones encarnadas -poesía, ensayos, artículos, conferencias, clases- no son exactamente meditaciones sobre su experiencia personal. A través del lenguaje y de la acción simbólica, ella ponía la experiencia del cuerpo y transformaba activamente sus miedos, su vulnerabilidad, sus heridas en recursos que podían ser útiles como fuerza y motor para el desarrollo de acciones compartidas. Las creaciones encarnadas, entonces, se refieren a las maneras en que podemos nutrirnos ingeniosamente, explícitamente, ampliamente de nuestra capacidad para nombrar las experiencias corporales de nuestras relaciones físicas, emocionales, espirituales, intelectuales y simbólicas con otros, otras. Nuestras experiencias corporales devienen una fuente que baña nuestras reflexiones, expresiones y acciones.


El uso explícito de la experiencia personal en la creación encarnada se opone a los sistemas impersonales, abstractos, inmateriales que no tienen en cuenta las ramificaciones específicas sociológicas, culturales, políticas de la raza, la sexualidad, la clase social y el sexo/género en su interacción sistémica en el tiempo de vida de un individuo. Audre Lorde se refiere a ello como "la destilación de la experiencia" o como "la metabolización de la experiencia" (Sister Outsider). Dice: "Me estoy refiriendo a toda una manera de mirar la vida, de adentrarme en ella, de usarla, de relacionarme conmigo misma y con mi experiencia." Lorde hablaba de un malentendido vivido con una colega como una "magulladora", del racismo en su ciudad como "ceguera humana", de agresiones racistas como "cicatrices", decía que "metabolizaba el odio como el pan de cada día", una metáfora corporal inquietante que sugiere quizás que se alimentaba del odio. De este modo, Lorde visibilizaba un rastro encarnado de heridas físicas previas en la historia para nombrar heridas análogas en el presente, que a veces llegan a asaltos físicos, lesiones y sus legados. Para ella, aunque se exprese con palabras o hechos, el racismo, la discriminación, la diferenciación sistémica puede herir el sentido simbólico del lugar, la pertenencia y la seguridad de una persona.


Proponemos así para nuestro proyecto de investigación, explorar las experiencias del cuerpo como terreno fértil para la reflexión; integrar, en nuestras reflexiones, los sentimientos y convicciones personales que albergamos sobre nuestra experiencia de la diáspora, en nuestras colaboraciones, relaciones y confrontaciones con otros. Las metáforas corporales que evocan experiencias de vida nos servirán como lenguaje con una base encarnada para captar, expresar, aterrizar ideas abstractas e intangibles.. Es el reconocimiento de que las experiencias y emociones poderosas como la rabia, el miedo, los afectos tienen dimensiones corporales, encarnadas; tienen resonancias especiales como consecuencias fisiológicas de experiencias duras, significativas. La creación encarnada proporciona un medio para poner en juego la transformación de sentimientos potentes y experiencias corporales en reflexiones, dándoles forma a través del lenguaje escrito, hablado u otros, para que constituyan hechos simbólicos comunicados como recursos potenciales para el activismo, la producción ensayística, la creación literaria u otras.


Fotografía: Gloria Anzaldúa