Microhistorias de
la diáspora.
Experiencias encarnadas
de la dispersión femenina.
2018 . 2019


RECUPERAR LA COTIDIANIEDAD



“Como sujetos diaspóricos, queremos hablar de subalternidad, de representaciones, de versiones historiográficas, de oportunidades, de racismo, de religión, de sexualidad, de clase social… Pero también hablar de calidad de la vida cotidiana, del placer, del sufrimiento, de los sueños, de la realización de uno mismo...”



La microhistoria es un método de investigación, un instrumento de conocimiento que disloca el gran relato de la historia, cuestionando contenidos, miradas y lenguajes dominantes desde perspectivas singulares. Responde a la necesidad de una historia más cercana a la cotidianidad, que pueda hacer frente a las narraciones fuertes y hegemónicas, abogando por atender rasgos y diferencias particulares, y poniendo en el centro el valor de la experiencia que se ubica en un cuerpo social y en un espacio concreto. Las corrientes historiográficas principales se han basado generalmente en una concepción macro histórica de los hechos, y se han limitado a narrar o interpretar grandes sucesos, procesos, hechos, o personajes históricos, pero sin interpretar desde la pequeña escala las realidades sociales, cambiantes o permanentes, que son la base en torno a la cual gira el desarrollo y el desenvolvimiento de la historia. Sin duda, la microhistoria es una vía para una renovación de la historia.


La microhistoria es historia general, pero analizada partiendo de un acontecimiento, un documento o un personaje específico. Giovanni Levi, uno de los impulsores de la microhistoria, hace una analogía clara para entenderla: es como si se utilizara un microscopio; se modifica la escala de observación para ver cosas que, en una visión general, no se perciben. Buscando una escala reducida y específica, como un laboratorio, el análisis microscópico de una situación nos permite, entonces, devenir al problema general. Siguiendo la trayectoria o el destino particular de un individuo, por ejemplo, se aclaran las características del mundo que le rodea. Desde una situación, un lugar o una persona específica, entonces, podemos plantear preguntas y respuestas generales que tienen relevancia en otros contextos y realidades, abriéndose así la posibilidad de conectar procesos y entretejer perspectivas de carácter muy diferente.


En este sentido, el historiador Charles Joyner, a partir de su trabajo sobre la intersección entre la herencia blanca y la herencia negra en un pueblo del sur estadounidense, propone la definición "la microhistoria aspira a plantear grandes preguntas en lugares pequeños" (en Shared Traditions: Southern History and Folk Culture). Así, es importante notar que la microhistoria no es estudiar cosas pequeñas sino mirar en un punto especifico pequeño, pero proponerse problemas generales. No es tampoco un estudio de caso ni una historia de vida, sino que se nutre de la indagación en la memoria, en los testimonios, los documentos, los objetos y experiencias que acaecen en ese pequeño punto específico para arrojar luz sobre aspectos particulares, ocultos o invisibilizados de aquello más grande y general que se quiere abordar.


Carlo Ginzburg, otro gran impulsor de la microhistoria, desarrolla una propuesta singular caracterizada en parte por tratar de rescatar los problemas desde "la perspectiva misma de las víctimas" de los procesos históricos que estudia. En este sentido, afirma que es imposible comprender el espacio de las realidades mentales o culturales de una sociedad sin partir de la división esencial entre culturas hegemónicas y culturas subalternas. Como sujetos diaspóricos, queremos hablar de subalternidad, de representaciones, de versiones historiográficas, de oportunidades, de racismo, de religión, de sexualidad, de clase social… Pero también hablar de calidad de la vida cotidiana, del placer, del sufrimiento, de los sueños, de la realización de uno mismo, de la diferencia y del deseo que actúa como motor de la acción vital.


Como método de investigación en nuestro proyecto de Microhistorias de la Diáspora, proponemos explorar microhistorias, nuestras u otras que nos sean significativas, insertas en movimientos diaspóricos y marcadas por la experiencia encarnada en aspectos que están ausentes de los grandes análisis históricos, políticos, económicos, culturales y perspectivas teóricas dominantes. ¿Qué espacio de laboratorio, qué punto específico pequeño queremos identificar en ese complejo que es la diáspora que nos pueda servir para plantearnos grandes preguntas que nos urge sondear?


Finalmente, la microhistoria tiene un destacado componente narrativo, pudiéndose presentar a través de muy diversos géneros de expresión, ya sean ensayos, artículos, literatura, producciones audiovisuales, y otras formas artísticas.